El Metaeyaculador
La Barbarie
Los hechos han
ocurrido de manera sistemática, a menudo sincronizada, aunque aquella palabra
tenga un uso meramente interpretativo, llevándonos a perseguir una quimera
alejada de la realidad sólo por saciar el placer de la poética en la narración. Espero que estos actos de barbarie sigan ocurriendo, sólo para ver que el
rufián cometa otro error como lo ha hecho adredemente hasta ahora. El acto
blasfemo de eyacular deliberadamente en horas de trabajo, de pervertir la
comunión del hombre y su tarea y la consecución de sus objetivos sin duda
plantea cuestiones no sólo ideológicas que son las menores, sino también la
ficción de un submundo de pensamientos ajenos a nuestro orden que en caso de
ser transmitidos y aceptados por otros entes llevarían a una revolución y al
derrumbe de nuestra estructura del trabajo tal cual la conocemos. Desconozco si
la cofradía herética existe, atribuyo por ahora y a momentos el delito a un
solo hombre:
El Metaeyaculador.
Los Hechos deshechos
Difícil es
establecer un seguimiento y la frecuencia dada la escasa confianza y comunicación
que tengo con mis pares, sin embargo la certeza es irrefutable y el hecho
existe por lo que el perito y la justicia correrán por mis solitarias manos, de lo contrario, al exponer el crimen me expondría al ridículo y a la desvinculación de la empresa, estrategia paradojal del vil personaje en cuestión.
Sin decoro
manierista detallo lo que pasó y no pasó: Luego de dos semanas de haber
ingresado al trabajo, dirigiéndome un día jueves al baño en busca del confort
de mi vejiga, me encuentro con lágrimas de esperma suspendidas en el agua turbia
del escusado. En un principio sentí vértigo, necesitando mucha fuerza mental
para evitar mi caída y la locura de ver la realidad sin el velo del lenguaje. Sólo cuando el espanto fue vencido para que prevalezca el hombre
solar pude pronunciar la palabra que resume la ignominia: ¡Blasfemia!.
Tiro la cadena sin
la esperanza de que la violencia de la imagen se vaya con el agua. El espejo
mostraba el reverso del hombre derrotado que murió. El vértigo vuelve cuando al
salir de la instalación veo a medias al posible Metaeyaculador esperando a la
puerta en donde nos miramos sin mirarnos. Ahora por más que trate no recuerdo detalle
que logre diferenciarlo del hombre genérico, sólo recuerdo, tal vez interferido
por pensamientos posteriores, que detrás de sus ojos había un hombre perturbado
que quería borrar las huellas de su error de no haber tirado la cadena. Tres
fueron las razones presumiblemente concatenadas que me llevaron a no
reconocerlo:
-
El vértigo produjo una respuesta
en el sistema simpático de alarma, las pupilas se contrajeron y mi visión, a
fin de poder captar mejor el entorno para planificar la huída, sólo pudo captar
la imagen a grandes cuadros de torpes pixeles.
-
La reciente estadía en mi puesto
de trabajo me impidió hasta ese entonces conectar nombres con rostros, definir
los detalles de los mismos así como reconocer sus voces.
-
Cuando superé el espanto dentro
del baño supe de inmediato que aquél acto fue planificado por un antisocial. Al salir intuí que el sujeto que esperaba entrar había
olvidado tirar la cadena y que por ende se trataba de el Metaeyaculador. Intuí
dentro de la intuición que lo mejor que podría pasar es que sabiendo el
antisocial que sabía yo de su crimen, pudiésemos darnos el gesto del anonimato a
fin de prevenir futuras agresiones frontales, salvando así del peligro
inminente.
Los sucesos
posteriores dan mayor peso a la tercera razón, ya que tres meses después pude
ver gracias a los reflejos de la luz amarilla del baño los rastros frescos de
una nueva eyaculación sobre la tapa del escusado (rezo que pertenezca al
Metaeyaculador y no a un acólito de él), por lo que especulo sin mucha paranoia
que de alguna forma mismo insomnio pude haberle ocasionado a él desde nuestro
primer encuentro, y que aprendiendo seguramente el patrón de alguna de mis
camisas pudo dar con mi identidad, por lo que la repetición del acto y la
“supuesta coincidencia” de volver a presenciarlo no sólo constituye el mismo
acto de rebeldía sino también su rúbrica y su mensaje; de haberme sentado inocentemente ahí,
no sé en que estado mental estaría en este momento. Me imagino que el villano estaba al acecho como un científico enajenado por un oscuro experimento.
En la baraja de
la teoría
Varios días de
especulaciones me ha robado el criminal desde su segunda llamada. Ya en
momentos de fatiga mental, los pensamientos volviéndose más laxos llegan a
recovecos cada vez más sombríos e inverosímiles. No está dentro de mis
funciones juzgar mis teorías, espero que dentro de esta oscuridad encuentre
algo que sea una luz, y que de tanto pensarlas puedan de manera alguna
materializarse.
Sin duda el
encuentro con el extraño sujeto afueras del baño tratase del vigilante anónimo
y del Metaeyaculador, luego de este enunciado empieza mi especulación.
Dentro de toda la
confusión puedo recordarlo como un hombre de entre 40 y 50 años, este hecho
pudiera implicar que el estímulo que lograse permitir su orgasmo fuese
necesariamente externo sin haber podido nacer de su pervertida imaginación, lo
último plantearía un descaro ya que requiere de mayor tiempo, concentración y
sensibilidad, habilidad que poseen los adolescentes y algunos adultos jóvenes.
El haberse estimulado previamente mediante el uso de material pornográfico a
través de su computadora dejando el clímax a la hora final, cobra un mayor
sentido al analizar la falta de puntería de la segunda osadía, explicándose la
buena puntería y planificación de la primera, con la ubicación geográfica de su
cubículo en las cercanías de la escena del crimen para evitar así el desastre dentro de sus pantalones.
Esta
teoría podría tener varios puntos débiles por la operación logística que requiere el problema. Pero a su vez, el mismo pensamiento es ventajoso puesto que los computadores
tienen bloqueado el acceso a internet a páginas pornográficas, agregando a aquello la
dificultad de los rumores que dicen que son permanentemente monitoreados por
una unidad secreta y vetada del organigrama público. Esto me lleva a pensar de
que el Metaeyaculador es una abominación bien situada dentro de la gerencia,
tratándose de algún jefe de unidad con privilegios cibernéticos y garantías de
privacidad. Privacidad también necesaria no sólo en el plano virtual sino
también el material, por lo que no corresponde a un cubículo donde tramó la
estimulación previa, sino más bien una oficina con puerta y sin baño privado.
Lamentablemente son varios los sujetos que corresponden a dicho perfil por lo
que requiero de mayores pistas relacionadas con el crimen. ¿Será más factible atraparlo en su juego que descubrirlo en sus actos?
El Otro mensaje
Mientras no tenga
pruebas suficientes nunca podré atrapar al Metaeyaculador. Aquel criminal
siempre llevará consigo su máscara blasfema como si fuese una virtud y su
recuerdo siempre acechará mi memoria como un fantasma sin rostro. Luego de seis
meses, reviso el boletín de noticias de la intranet y noto cada vez más los
cambios que van ocurriendo dentro de la empresa, probablemente ocasionados por
las influencias de la supuesta cofradía herética, dando el mensaje de que las viejas
estructuras van quedando obsoletas y que la nueva forma de organización del
trabajo traerá consigo una revolución social, un nuevo hombre.
El ocaso toca mi
espalda, estoy mirando en la pantalla imágenes anteriormente prohibidas ahora
institucionalizadas, sin ceremonia ni sacramento. Pienso dejarle un mensaje al
Metaeyaculador, uno de idéntica bajeza. Quizá cometiendo en el baño la misma
injuria pueda ver detrás del espejo el verdadero rostro del criminal. Me consta que al salir luego de convertirme en el otro, él me
esté esperando a darme la bienvenida a un nuevo amanecer. Saldré del baño como un ungido, convertiré su rebeldía en un rito promovido por nuestra área de bienestar, sus voluntad en nuestros valores corporativos colgados en la pared de nuestra gerencia de Recursos Humanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario