viernes, 23 de diciembre de 2011


El Metaeyaculador


La Barbarie


Los hechos han ocurrido de manera sistemática, a menudo sincronizada, aunque aquella palabra tenga un uso meramente interpretativo, llevándonos a perseguir una quimera alejada de la realidad sólo por saciar el placer de la poética en la narración. Espero que estos actos de barbarie sigan ocurriendo, sólo para ver que el rufián cometa otro error como lo ha hecho adredemente hasta ahora. El acto blasfemo de eyacular deliberadamente en horas de trabajo, de pervertir la comunión del hombre y su tarea y la consecución de sus objetivos sin duda plantea cuestiones no sólo ideológicas que son las menores, sino también la ficción de un submundo de pensamientos ajenos a nuestro orden que en caso de ser transmitidos y aceptados por otros entes llevarían a una revolución y al derrumbe de nuestra estructura del trabajo tal cual la conocemos. Desconozco si la cofradía herética existe, atribuyo por ahora y a momentos el delito a un solo hombre:
El Metaeyaculador.


Los Hechos deshechos


Difícil es establecer un seguimiento y la frecuencia dada la escasa confianza y comunicación que tengo con mis pares, sin embargo la certeza es irrefutable y el hecho existe por lo que el perito y la justicia correrán por mis solitarias manos, de lo contrario, al exponer el crimen me expondría al ridículo y a la desvinculación de la empresa, estrategia paradojal del vil personaje en cuestión.

Sin decoro manierista detallo lo que pasó y no pasó: Luego de dos semanas de haber ingresado al trabajo, dirigiéndome un día jueves al baño en busca del confort de mi vejiga, me encuentro con lágrimas de esperma suspendidas en el agua turbia del escusado. En un principio sentí vértigo, necesitando mucha fuerza mental para evitar mi caída y la locura de ver la realidad sin el velo del lenguaje. Sólo cuando el espanto fue vencido para que prevalezca el hombre solar pude pronunciar la palabra que resume la ignominia: ¡Blasfemia!.

Tiro la cadena sin la esperanza de que la violencia de la imagen se vaya con el agua. El espejo mostraba el reverso del hombre derrotado que murió. El vértigo vuelve cuando al salir de la instalación veo a medias al posible Metaeyaculador esperando a la puerta en donde nos miramos sin mirarnos. Ahora por más que trate no recuerdo detalle que logre diferenciarlo del hombre genérico, sólo recuerdo, tal vez interferido por pensamientos posteriores, que detrás de sus ojos había un hombre perturbado que quería borrar las huellas de su error de no haber tirado la cadena. Tres fueron las razones presumiblemente concatenadas que me llevaron a no reconocerlo:

-          El vértigo produjo una respuesta en el sistema simpático de alarma, las pupilas se contrajeron y mi visión, a fin de poder captar mejor el entorno para planificar la huída, sólo pudo captar la imagen a grandes cuadros de torpes pixeles.
-          La reciente estadía en mi puesto de trabajo me impidió hasta ese entonces conectar nombres con rostros, definir los detalles de los mismos así como reconocer sus voces.
-          Cuando superé el espanto dentro del baño supe de inmediato que aquél acto fue planificado por un antisocial. Al salir intuí que el sujeto que esperaba entrar había olvidado tirar la cadena y que por ende se trataba de el Metaeyaculador. Intuí dentro de la intuición que lo mejor que podría pasar es que sabiendo el antisocial que sabía yo de su crimen, pudiésemos darnos el gesto del anonimato a fin de prevenir futuras agresiones frontales, salvando así del peligro inminente.

Los sucesos posteriores dan mayor peso a la tercera razón, ya que tres meses después pude ver gracias a los reflejos de la luz amarilla del baño los rastros frescos de una nueva eyaculación sobre la tapa del escusado (rezo que pertenezca al Metaeyaculador y no a un acólito de él), por lo que especulo sin mucha paranoia que de alguna forma mismo insomnio pude haberle ocasionado a él desde nuestro primer encuentro, y que aprendiendo seguramente el patrón de alguna de mis camisas pudo dar con mi identidad, por lo que la repetición del acto y la “supuesta coincidencia” de volver a presenciarlo no sólo constituye el mismo acto de rebeldía sino también su rúbrica y su mensaje; de haberme sentado inocentemente ahí, no sé en que estado mental estaría en este momento. Me imagino que el villano estaba al acecho como un científico enajenado por un oscuro experimento.


En la baraja de la teoría

Varios días de especulaciones me ha robado el criminal desde su segunda llamada. Ya en momentos de fatiga mental, los pensamientos volviéndose más laxos llegan a recovecos cada vez más sombríos e inverosímiles. No está dentro de mis funciones juzgar mis teorías, espero que dentro de esta oscuridad encuentre algo que sea una luz, y que de tanto pensarlas puedan de manera alguna materializarse.

Sin duda el encuentro con el extraño sujeto afueras del baño tratase del vigilante anónimo y del Metaeyaculador, luego de este enunciado empieza mi especulación.

Dentro de toda la confusión puedo recordarlo como un hombre de entre 40 y 50 años, este hecho pudiera implicar que el estímulo que lograse permitir su orgasmo fuese necesariamente externo sin haber podido nacer de su pervertida imaginación, lo último plantearía un descaro ya que requiere de mayor tiempo, concentración y sensibilidad, habilidad que poseen los adolescentes y algunos adultos jóvenes. El haberse estimulado previamente mediante el uso de material pornográfico a través de su computadora dejando el clímax a la hora final, cobra un mayor sentido al analizar la falta de puntería de la segunda osadía, explicándose la buena puntería y planificación de la primera, con la ubicación geográfica de su cubículo en las cercanías de la escena del crimen para evitar así el desastre dentro de sus pantalones.

Esta teoría podría tener varios puntos débiles por la operación logística que requiere el problema. Pero a su vez, el mismo pensamiento es ventajoso puesto que los computadores tienen bloqueado el acceso a internet a páginas pornográficas, agregando a aquello la dificultad de los rumores que dicen que son permanentemente monitoreados por una unidad secreta y vetada del organigrama público. Esto me lleva a pensar de que el Metaeyaculador es una abominación bien situada dentro de la gerencia, tratándose de algún jefe de unidad con privilegios cibernéticos y garantías de privacidad. Privacidad también necesaria no sólo en el plano virtual sino también el material, por lo que no corresponde a un cubículo donde tramó la estimulación previa, sino más bien una oficina con puerta y sin baño privado. 

Lamentablemente son varios los sujetos que corresponden a dicho perfil por lo que requiero de mayores pistas relacionadas con el crimen. ¿Será más factible atraparlo en su juego que descubrirlo en sus actos?



El Otro mensaje

Mientras no tenga pruebas suficientes nunca podré atrapar al Metaeyaculador. Aquel criminal siempre llevará consigo su máscara blasfema como si fuese una virtud y su recuerdo siempre acechará mi memoria como un fantasma sin rostro. Luego de seis meses, reviso el boletín de noticias de la intranet y noto cada vez más los cambios que van ocurriendo dentro de la empresa, probablemente ocasionados por las influencias de la supuesta cofradía herética, dando el mensaje de que las viejas estructuras van quedando obsoletas y que la nueva forma de organización del trabajo traerá consigo una revolución social, un nuevo hombre.

El ocaso toca mi espalda, estoy mirando en la pantalla imágenes anteriormente prohibidas ahora institucionalizadas, sin ceremonia ni sacramento. Pienso dejarle un mensaje al Metaeyaculador, uno de idéntica bajeza. Quizá cometiendo en el baño la misma injuria pueda ver detrás del espejo el verdadero rostro del criminal. Me consta que al salir luego de convertirme en el otro, él me esté esperando a darme la bienvenida a un nuevo amanecer. Saldré del baño como un ungido, convertiré su rebeldía en un rito promovido por nuestra área de bienestar, sus voluntad en nuestros valores corporativos colgados en la pared de nuestra gerencia de Recursos Humanos.

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