El Club más que una agencia o ministerio es en realidad una cofradía de coleccionistas de experiencias masturbatorias. Como si se tratara de una convención de hackers o montañistas, estos perturbadores de espacios públicos buscan el eterno everest del onanismo, proponiendo y ejecutando con desidia y sigilo, la posibilidad de dejar un rastro del orgasmo en lugares imposibles. Podría ser el confesionario de una iglesia, el vestíbulo de una tienda de retail, el respaldo del asiento del bus o del avión, el interior del microondas de los comedores de una empresa. No existen los límites, el club es para debatir y aplaudir las faenas de sus miembros. Epistemológicamente hablando, esta rama resulta una contradicción para las misiones del resto de los ministerios ya que es un discurso sobre la vicariedad de una actividad, por lo que el club es la más secreta de las ramas junto con RRHH. Finalmente, el Club presta servicio de sibila ya que sus miembros practican la eyaculomancia, identificando los patrones de los fluidos orgásmicos y advirtiendo en ellos una correspondencia entre sus figuras y las vibraciones del universo.
Misión: Compartir experiencias onanistas extremas mientras tomamos la once. Nuestra compasión, nuestra pasión es dejar rastros para que el mundo entienda que mientras la sociedad castigue la sexualidad en espacios públicos, el hombre nunca será feliz.
Lema: "Nuestra huella es la piedra donde se erige el nuevo obelisco"
Su símbolo: Una torre en llamas y el cuerpo muerto de San Jorge.
Perfil del colaborador: artista, eyaculador(a) precoz, si es mujer tiene que tener disponibilidad orgásmica de squirting.
No hay comentarios:
Publicar un comentario